30 marzo, 2011

Gélido

Frío, tan frío que mis labios agrietados tiritan al no encontrar calor, un helado paraje donde no queda nada. El invierno llegó, y todo se tornó sólido, ya no queda nada moldeable, perdí la flexibilidad. Ya no puedo alzar el vuelo, mis alas se congelaron. Se levantó la muralla y me volvió a rodear robandome mi humanidad, enterrando todo aquello que me hacía vital, llevandose mi espíritu, mis ansias, mis ganas de caminar.

Hinqué mis rodillas en el suelo, rompí a llorar, sumplicando clemencia, temiendo no volverme a levantar. Ya no había rendición, nada quedaba ya, nada por lo que luchar, y entre las escarchadas ruinas de mi ser, el frío volvío a caminar, la insensibilidad, la calma, la paz.

Una paz que no termina, algo terrorífico, sin comienzo y sin final, donde no existe sonido, sólo frío, invierno y soledad. Es la paz, la calma, que precede a la tempestad...

21 marzo, 2011

Renacimiento

Curiosa naturaleza la de uno de los llamados 5 elementos con el que tanto identificamos el amor, fuego. Ardiente brasa que consume el oxigeno que nos permite vivir, transformándolo en calor, calor que puede reconfortarnos en los más aciagos días. Abrasadora metáfora que identificamos con amor, un amor puro y candente, cómo las llamas al bailar en la hoguera de nuestras almas.
Es curiosa la naturaleza, porque el fuego quema, se consume a sí mísmo, daña y contamina su alrededor si se descontrola y cuando se apaga puede volver a surgir. Una sola brasa, un soplo de viento, y volverá a arder. Resistiendose a abandonar la existencia.
Metáfora que no paro de sentir, cómo el fuego hallo en mí, y cómo hay días que lo siento apagado, extinto, pero tan sólo con un soplo de tí, vuelve, vuelve a resurgir, y aquello que piensas que has perdido, vuelve a vivir en tí, algo inextingible, un fuego tan fuerte, que da miedo dejarlo salir...

15 marzo, 2011

Sound of Silence

Lo sonoros silencios que me atormentan a cada momento, no hace sino enmudecer a cada instante que pronuncias mi nombre, mientras dejo que tu voz bese mis cansados oidos, siento tristeza, porque no puedo oír nada, me siento sordo y sólo, desamparado en mitad de una tormenta de ecos, ecos de lamentos que resuenan como truenos en mis oídos, sonando fuerte y con tono estridente. Mi cuerpo se estremece al sentir cómo los escalofríos recorren mi cuerpo y no puedo pararlo.
La velocidad del sonido se hace latente, y es mucho más rápida que yo, por más que corro no puedo escapar. Intentar arreglarlo nada significa ya, porque lo que una vez he oído, jamás podré olvidar ya. Y tan sólo intento dormir y no oir, pero la vision en mi cerebro es algo que no puedo olvidar, y en mís sueños no hago mas que caminar sólo y tan sólo oír el sonido... El sonido del silencio...