30 marzo, 2011

Gélido

Frío, tan frío que mis labios agrietados tiritan al no encontrar calor, un helado paraje donde no queda nada. El invierno llegó, y todo se tornó sólido, ya no queda nada moldeable, perdí la flexibilidad. Ya no puedo alzar el vuelo, mis alas se congelaron. Se levantó la muralla y me volvió a rodear robandome mi humanidad, enterrando todo aquello que me hacía vital, llevandose mi espíritu, mis ansias, mis ganas de caminar.

Hinqué mis rodillas en el suelo, rompí a llorar, sumplicando clemencia, temiendo no volverme a levantar. Ya no había rendición, nada quedaba ya, nada por lo que luchar, y entre las escarchadas ruinas de mi ser, el frío volvío a caminar, la insensibilidad, la calma, la paz.

Una paz que no termina, algo terrorífico, sin comienzo y sin final, donde no existe sonido, sólo frío, invierno y soledad. Es la paz, la calma, que precede a la tempestad...

No hay comentarios:

Publicar un comentario