12 enero, 2011

Conmoción


Mientras observaba el cristal turbio, sentía la tristeza que me embargaba, no podía más que recordar todo, cada momento, las sensaciones y la sonrisa asomaba en mi rostro recordando la profunda felicidad de todos aquellos momentos. Sin poder olvidar tu sonrisa y el surco que forman tus labios con tus mejillas que tanto me gusta, y que me hace siempre sonreír, incluso cuando lloras y me sentía fatal, una parte de mi rebosaba felicidad, por estar allí y poder compartirlo contigo, por ser de aquellas lágrimas la sal. Porque aun cuando todo va mal, te quiero y es algo que no puedo evitar.

Y cuando miro al cielo y veo la lluvia no puedo más que pensar, que hasta el cielo llora, porque nos tengamos que separar. Que hasta las estrellas se conmueven con nuestra historia, una historia que no tendrá final. Y es que la distancia no es más que arena y mar, algo que nunca me impedirá seguir amándote, ya que tu recuerdo es tan fuerte en mi que ni aunque quisiera lo podría olvidar. Quiero que lo sepas, que no lo olvides jamás, tu sonrisa es mi mundo, tus lágrimas mi desvelo, tus besos mi paz. Quiero tenerte siempre y no dejarte marchar nunca.

Ahora que estoy sin ti, el tiempo transcurre de otra forma, las horas se agolpan y me siento a destiempo, en un mundo en que me faltas tú, me siento como un pez fuera del agua, a veces no puedo ni respirar, necesito aire de tus besos, necesito que ayudes a respirar…

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