22 febrero, 2011

Melodías

Son sólo tres acordes de una guitarra lo que necesito para demostrarte cuanto anhelo el momento pasado, aquel en el cuál me dí cuenta que no podía respirar sin tí, que mi corazón aleateaba en una habitación vacía llena de momentos intranquilos y miradas vacías carentes de sentido, donde los sentimientos no dan cabida a la imaginación, la cual es la única que me permite verte cuando no estás. El cuarto acorde lo dedicaré a saborear el recuerdo, dejando que todo vuele, y volver a empezar.

El quinto acorde lo dedico al principio, donde todo terminó, y a la vez comenzó. Un atisbo de futuro se podía leer en tu mirada en aquel instante, y sabiendo que la videncia no es posible, me atreví a mirar dentro, dentro de una mirada que me mostró un espíritu desnudo. Mi espíritu desnudo, posado pausadamente en un iris del color de la caoba, del color de la tierra viva, tan viva como el sexto acorde de mi guitarra, el cual lo dejo para el final, lo mejor, y eso es para tí, mi musa, mi canción...

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